En una fresca mañana de verano en el valle del Loira, mientras los primeros rayos de sol se derraman sobre los valles, docenas de coloridos globos aerostáticos se elevan lentamente hacia el cielo. Es una estampa que parece casi atemporal. Sin embargo, detrás de ese fotogénico momento se esconde una historia moderna de cooperación europea en materia de seguridad.
Pocas personas son conscientes de que los globos son una parte muy importante del mundo de la EASA. Puede que no tengan motores, ordenadores de vuelo o trenes de aterrizaje retráctiles, pero no por ello dejan de ser aeronaves. Garantizar su seguridad y armonización en toda Europa forma parte de la misión de la EASA, que abarca todo, desde el tejido de la envoltura —la parte del globo que se llena de aire caliente— hasta la competencia del piloto.
La forma de vuelo más antigua
La aerostación cuenta con una tradición tan rica como la propia aviación. En septiembre de 1783, los hermanos Montgolfier lanzaron el primer globo de aire caliente de la historia. Apenas unas semanas después, el profesor Jacques Charles voló el primer globo lleno de hidrógeno, que llamó
charlière. Un globo se calentaba con fuego, el otro se elevaba con gas, y ambos cautivaron la imaginación del mundo. Más tarde, durante los años cincuenta y sesenta, los globos de gas cobraron una especial popularidad en Alemania, mientras que los globos de aire caliente pasaron a dominar el resto de cielos.
Los globos de aire caliente queman propano y sus vuelos suelen durar en torno a una hora, mientras que los globos de gas pueden permanecer en el aire durante varios días. Los globos de gas siguen siendo el único ámbito de la aviación bajo la competencia de la EASA que aún utiliza hidrógeno como gas de elevación, lo que nos recuerda lo antigua, y al mismo tiempo lo fascinante, que sigue siendo la técnica de esta rama de la aviación.
De los valles a la normativa
En toda Europa hay miles de pilotos de globo en activo, desde pequeñas empresas familiares que ofrecen aventuras al amanecer hasta apasionados entusiastas que vuelan por puro placer. La experiencia puede parecer sencilla, pero garantizar la seguridad dista de ser una tarea fácil. Allí es donde entran en juego la parte BOP (Operaciones de globos) y la parte BFCL (Expedición de licencias a la tripulación de vuelo de globos) de la EASA.
Estas normas, introducidas en 2018, sometieron todas las operaciones con globos en Europa a un marco de seguridad único y coherente. La parte BOP abarca todo lo relacionado con la seguridad de las operaciones. Los pilotos deben familiarizarse con las condiciones meteorológicas, seguir listas de control, informar a los pasajeros y velar por que no se transporten mercancías peligrosas a bordo. La regulación distingue entre las operaciones básicas (normalmente el piloto más tres pasajeros) y los requisitos adicionales para los vuelos comerciales, que pueden llegar a transportar a 36 pasajeros.
Aprender a pilotar un globo
La aerostación es una de las actividades aeronáuticas con menores barreras de acceso. Una licencia privada de piloto de globo aerostático suele requerir unas 16 horas de formación de vuelo, lo que la hace más accesible que la mayoría de modalidades de vuelo. Las licencias se clasifican por tamaño de globo, desde los de aire caliente del grupo A, que transportan a unos pocos pasajeros, hasta los gigantes del grupo D, que elevan más de 10 500 metros cúbicos de aire. A medida que los pilotos progresan y acumulan horas, pueden pasar a grupos más grandes.
Este marco de concesión de licencias, desarrollado en colaboración con la Federación Europea de Aerostación (European Balloon Federation), se diseñó cuidadosamente para que la formación fuera proporcionada pero sólida. También refleja el principio de la EASA de que la seguridad no solo se consigue mediante normas, sino también a través de la participación de la comunidad y el establecimiento de normas comunes.
Escuchar a la comunidad
La aerostación está profundamente impulsada por la comunidad. Muchos operadores son pequeños clubes, empresas familiares o particulares apasionados que llevan volando desde hace generaciones. En lugar de imponer normas desde arriba, la AESA trabajó con la comunidad para crear un libro de normas para los vuelos en globo dentro de la serie de normas de acceso fácil.

Este recurso independiente sintetiza miles de páginas de material de operaciones y licencias de tripulación de vuelo en un formato práctico y de uso sencillo. Combina las normas de aplicación, las especificaciones de certificación, los medios aceptables de cumplimiento y el material de orientación con una estructura clara y una navegación intuitiva. El objetivo es hacer que las normas de seguridad sean algo que los pilotos puedan utilizar y no solo leer.
La pericia detrás de la belleza
Cada grácil ascenso se sustenta en una ingeniería impresionante. Las envolturas modernas se fabrican con un tejido de nailon y poliéster con una alta resistencia al desgarro, protección contra los rayos UV y las llamas y sistemas de ventilación de diseño meticuloso. Debajo, la cesta clásica de mimbre trenzado permanece casi inalterada, por el sencillo motivo de que funciona. El mimbre cede bajo la carga y absorbe la energía del impacto de una forma en que los materiales más nuevos, como la fibra de carbono o los inflables, sencillamente no pueden. Se trata de un ejemplo perfecto de cómo una larga tradición se une a la física.
Límites de seguridad de los vuelos
La aerostación opera dentro de unos márgenes de seguridad bien definidos. Los despegues con vientos inferiores a 10 nudos y los aterrizajes con vientos inferiores a 15 nudos se consideran seguros. Si se respetan esos límites y se realiza un mantenimiento adecuado del equipo, volar en globo es una actividad muy segura. Al igual que en el resto de ámbitos de la aviación, los accidentes tienden a producirse cuando se traspasan estos límites o se omiten los procedimientos.

Donde la seguridad nos permite seguir volando en globo
Lo que hace especial a los vuelos en globo es el equilibrio que logran entre la elegancia y la precisión. Cada vuelo parece sencillo, dejándose llevar por donde el viento decide, pero cada ascenso depende de un cuidadoso estudio de las condiciones meteorológicas, listas de verificación detalladas y el juicio disciplinado del piloto. Los pasajeros rara vez piensan en la parte BOP o la parte BFCL: simplemente se suben a la cesta, sienten cómo el suelo se aleja bajo sus pies y confían en que se ha hecho todo lo posible para garantizar su seguridad.
Esa confianza tácita capta la esencia de la seguridad en aviación: la fiabilidad que funciona en segundo plano. Cuando veas un globo flotando sobre los valles soleados del Loira, recuerda que no es solo el aire caliente lo que lo eleva, sino también el conocimiento, la pericia y la dedicación compartida de la comunidad europea de aerostación, respaldada por el trabajo de la EASA para mantener la seguridad y el encanto de esta centenaria modalidad de vuelo.